El viaje del cosmonauta

¡Muy buenas a tod@s!  Aquí doy comienzo a mi primer blog.  Lo cierto es que no sabía muy bien de qué podría hablar y he tardado en ponerme manos a la obra (entre nosotros: lo hago porque es necesario para un curso de blogs y demás temas internáuticos que estoy haciendo, pero no digáis nada, ¿vale? ;-)). Entonces, como estaba un poco bloqueado y no sabía muy bien de qué hablar me decidí a preguntar a mi hijo mayor, y éste me dijo: "papi, ¿y por qué no hablas del universo, así como esos videos chulos que vemos a veces por el YouTube?" Pues dicho y hecho, al final me decidí por este tema, pero he considerado hacerlo desde una óptica más personal y no científica; en definitiva, lo que a mí me sugiere en base a lo que siento y percibo acerca del cosmos y también, porqué no decirlo, lo que me va sugiriendo la navegación por internet.

Entonces, para empezar, he creído conveniente dar comienzo a nuestro viaje por el planeta que habitamos, la Tierra, ya que, al igual que los cosmonautas, éstos parten en su misión desde nuestra esfera azul para después proseguir en búsquedas más profundas del cosmos, ésto me ha sugerido hacerlo de la misma forma: empezar a expresar mi propia indagación del universo desde nuestra Tierra, para posteriormente expandir la búsqueda hacia lugares más y más lejanos cada vez (algo así como el efecto que se produce cuando tiras una piedra a un estanque en el cual se crea una onda que se va propagando desde el centro hacia afuera... uuyyy, qué poético me ha quedado).

Así que, ¿estáis preparados?.... ¡Comenzamos con nuestro viaje! ¡¡ Abrochénse bien los cinturones que estamos apunto de despegar!!:  10..., 9..., 8..., 7..., 6..., 5..., 4..., 3..., 2..., 1.... ¡¡¡IGNICIÓN!!!  ¡¡¡AHÍ VAMOSSSSS!!


Nuestro planeta. La "Madre Tierra"




¡Ruido!, ¡¡mucho ruido!!, no no corrigo, ¡¡¡un ruido ensordecedor!!! Despegamos y todo se estremece, la verdad es que el viaje da miedo y por momentos produce pánico.  No sabemos lo que va a pasar ni a dónde vamos a ir, tampoco hasta dónde vamos a llegar; pero algo dentro de nosotros nos dice: "sigue, sigue, no te pares, tienes que evolucionar y no puedes estar por siempre en el mismo sitio...  ¡Descubramos qué hay más alla! ¡Dale un sentido a todo esto!"  Conforme vamos subiendo y atravesando la atmósfera, vamos viendo cómo partes del cohete van quedando atrás y vuelven en caída libre hacia el planeta: al mismo tiempo, pareciera ser como si hubieran aspectos de nosostros mismos que también se fueran desprendiendo al igual que los fragmentos del cohete, pues ya pesan demasiado y no nos sirven por mucho tiempo más, ya no tienen sentido y nos lastran; en consecuencia hemos de desprendernos de ellos y dejar que caígan.  Confiamos en el proceso, aunque nos da mucho mucho miedo y, por fin, al cabo de un rato, cesan las vibraciones de todo el proceso de despegue y posterior ascensión por las distintas capas de la atmósfera.  De repente, todo se tranquiliza, se va sintiendo todo más ligero. Damos un primer suspiro de alivio por transitar esta primera fase turbulenta del viaje que acabamos de atravesar.  Miramos por primera vez por la ventanilla de nuestra nave y, finalmente, podemos tener una primera panorámica de nuestro bello y azulado planeta visto desde el espacio más cercano. Todo se siente tranquilo y en paz; ligero, muy ligero... Es realmente precioso, ¿no creéis?; viéndolo desde aquí arriba da la sensación de que todos nuestros problemas se pueden llegar a diluir y verlo todo desde otra persperspectiva.  Al mismo tiempo una duda nos asalta e incluso podemos sentir miedo de tanta inmensidad; la nueva visión que ahora tenemos nos muestra nuestra pequeñez y fragilidad en este pequeño mundo flotando por el vasto espacio y el transcurrir del tiempo eterno.  Sin embargo, la contraparte a esta sensación de fragilidad es que surge una nueva percepción: de repente se nos presenta una apertura de miras, esa intuición de que hay algo mucho más grande que nosotros y que nos presenta un nuevo horizonte que nos impele a ir hacia delante.




Ahora, nos relajamos un poco en el asiento de nuestra nave; nos hemos desecho de mucho lastre durante nuestra primera parte del viaje y, en consecuencia, es en este momento en el que podemos verdaderamente empezar a observar en lo protector y amable que es nuestro pequeño-gran mundo: ¿Cómo puede ser que un pequeño punto en el universo pueda albergar semejante belleza en la negrura infinita del espacio, tan solo coloreada por un tapiz de diminutas estrellas?   

Es entonces, cuando comenzamos a tomar conciencia de la humanidad, así como también del resto de seres que nos acompañan en nuestro viaje: del reino animal y vegetal... 






... así como también del mundo de lo inorgánico, con sus innumerables tamaños, formas, colores y texturas, que dan soporte y colorido a los seres vivos y al conjunto del planeta: 




En definitiva, surge de nosotros una nueva percepción que ya no es solo mental, sino que se siente en lo más profundo de nuestro ser:  la magestuosidad y magnanimidad de lo fabuloso de nuestro mundo, la naturaleza protectora del mismo frente al espacio exterior; pero, ains... al mismo tiempo, también nos percatamos de su fragilidad y, quizás, también puede que nos veamos solos. 

Por primera vez en la vida nos sentimos una parte del resto del sistema y nos surge la necesidad de reconciliarnos con él, pues empezamos a dar verdadero valor y significado a nuestros actos y el impacto que creamos. Por primera vez sentimos que estamos enfrente de nuestra "Madre Tierra".



Me viene ahora a la memoria una imagen, una fotografía, no tan colorida como las mostradas arriba, pero muy especial (al menos para mí) que me ayudó a cambiar un poco el "chip" con respecto a lo que somos y a nuestro lugar en el espacio.  En ella se pone de manifiesto lo inconmensurable del universo comparado con nuestro "diminuto" planeta, y por extensión poniendo también al ser humano en contexto con respecto al cosmos.  La imagen fue tomada por la sonda de la NASA Voyager 1 (más abajo tenéis los datos):


Un punto azul pálido es una fotografía de la Tierra tomada por la sonda espacial Voyager 1 desde una distancia de 6000 millones de kilómetros. La imagen muestra la Tierra como una mota o punto de luz casi imperceptible debido al fulgor del Sol. La foto fue tomada el 14 de febrero de 1990, junto al resto de las imágenes del mosaico fotográfico denominado Retrato de familia, que incluye a otros planetas del Sistema Solar. (Fte: Wikipedia)




Cuando vi por primera vez esta fotografía, la verdad es que me pareció sobrecogedora; más bien podría decir que me sentí impactado y me dio cierto vértigo mental: digamos algo así como una sensación de vacío; sentí cómo el esquema aprendido se desvanecía (por más que en el colegio estudiarámos el sistema solar y demás y en teoría supiera desde un punto de visto intelectural lo que supone).  Y no es para menos, pues estamos tan acostumbrados a creernos que somos seres superiores con todas sus connotaciones  (a saber: soberbia, orgullo, arrogancia, vanidad, desprecio por los demás, etc..) que digamos no somos conscientes en verdad de que somos una ínfima parte de la realidad manifestada tanto en términos de espacio, como también en cuanto al tiempo que vivimos, el cual se se puede considerar efímero, como un suspiro... 

Volviendo otra vez a la imagen de la Voyager 1, ésta también sirvió de inspiración para Carl Sagan (el que fuera astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astrobiólogo, escritor y divulgador científico) en la que se refirió a nuestro planeta de la siguiente forma:

"Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido, vivió su vida. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de la moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie, vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que en su gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina del punto sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo... es desafiada por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una solitaria mancha en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Asentarnos, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una formadora de humildad y carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de los conceptos humanos que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos mejor los unos a los otros, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido."1

Carl Sagan tituló una de sus obras Un punto azul pálido inspirándose en esta fotografía; en este libro llamado Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio, Carl relató sus pensamientos en un sentido más profundo. (FTE: Wikipedia)


No en vano, En 2001 fue seleccionada por Space.com como una de las diez mejores fotos científicas espaciales de la historia.

"Somos como una mota de polvo flotando en el universo".

Bueno, hasta aquí mi primera entrada de Blog.  Espero que os haya gustado.

Saludos y, ¿hasta la próxima?. Quién sabe...

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